Con el buen tiempo nuestras vidas se trasladan a la parte más externa de nuestras viviendas, y en el caso de las casas árabes a un patio interior, en el que una vez dentro nos sentimos fuera… ¿y por qué?

Por que los patios árabes, por su arquitectura, gozan de gran luminosidad y sumado a los materiales empleados en su decoración y los elementos vegetales en cantidad logran crear un ambiente confortable del que es imposible escapar.

Contribuyen a que añore mi infancia y las siestas veraniegas interminables en Marruecos, los niños mientras, nos dedicábamos a jugar y corretear por los patios sin apenas apreciar la maravilla en la estábamos inmersos. Siempre rodeada por tortugas y un fresco aroma a hierbabuena que ponía fin a la hora del descanso…

Y vosotros, ¿dónde jugábais de pequeños?